Herramientas de combate

¿Cómo funcionan los test de detección?

Los procedimientos que buscan detectar el virus se basan en herramientas de biología molecular que permiten poner en evidencia de manera específica la presencia del coronavirus en muestras obtenidas de pacientes a partir de secreciones nasales, sangre y otros fluidos del cuerpo.

¿Son eficaces los antibióticos para prevenir o tratar la COVID-19?

No. Los antibióticos no son eficaces contra los virus, pues solo combaten las infecciones bacterianas. La COVID-19 está causada por un virus, de modo que los antibióticos no sirven frente a ella, salvo que el médico lo indique ante la posibilidad de una infección bacteriana asociada. Por eso, debemos evitar usar antibióticos contra la COVID-19 porque no la previene ni la cura. Además podríamos estar generando que algunas bacterias se vuelvan resistentes a esos antibióticos, y luego no servirán en el momento en que sí sean necesario para combatir esas bacterias.

¿Existen fármacos o terapias para prevenir o curar la COVID-19?

No hay pruebas de que los medicamentos actuales puedan prevenir o curar la enfermedad. No se recomienda la automedicación, en particular con antibióticos.

¿Qué posibilidades hay de tener una vacuna a corto plazo?

A poco más de tres meses del surgimiento del brote de coronavirus, la industria farmacéutica y los centros de investigación del mundo han iniciado una carrera para desarrollar una vacuna o identificar un tratamiento efectivo que ha avanzado a velocidad sin precedentes. Incluso, en algunos casos, se ha permitido saltear etapas del procedimiento habitual de prueba de vacunas que involucra pruebas en animales. Sin embargo, en el mejor escenario se estima que una vacuna podría estar lista en un período de entre 12 y 18 meses, si los ensayos en proceso resultan positivos. Según el sitio web especializado Clinical Trials Arena, hay al menos 20 fármacos y vacunas en desarrollo con resultados hasta ahora prometedores. Algunos ya fueron probados en humanos, pero se espera que pasen más estudios para descartar toxicidad, ausencia de efectos secundarios y efectividad real.

¿Qué es la cloroquina y por qué se dice que puede ayudar a combatir la COVID-19?

La cloroquina e hidroxicloroquina son fármacos empleados desde hace 70 años para combatir la malaria. Además, por sus propiedades anti-inflamatorias e inmunomoduladoras (es decir, que regulan el sistema inmune) también se utilizan para el tratamiento de enfermedades autoinmunes como el Lupus Eritematoso Sistémico y la Artritis Reumatoidea en los pacientes cuyos síntomas no han mejorado con otros tratamientos. Existen datos científicos alentadores que muestran que el uso in vitro (en células en laboratorio) de cloroquina o hidroxicloroquina podría reducir la carga viral de pacientes infectados, lo cual ayudaría a controlar la infección. Sin embargo, los estudios clínicos aún son escasos y con baja cantidad de pacientes lo que no permite asegura su eficacia y, sobre todo, su seguridad. Por eso es muy importante tener presente que quedan muchos aspectos clínicos a resolver, como qué tipo de pacientes tendrían mayor beneficio, en qué momento de la enfermedad sería más eficaz su administración, qué dosis administrar, etc. Sobre todo no hay que olvidar que al igual que con todos los fármacos, la cloroquina y la hidroxicloroquina pueden tener efectos secundarios graves y/o tóxicos, principalmente a nivel ocular (alteraciones irreversibles de la visión), auditivo (dificultad para escuchar o desarrollo de zumbidos) y cardíaco. Esto obliga a que su utilización requiera la valoración e indicación de un médico, porque la automedicación con estas drogas conlleva a serios riesgos.